Feminismo y educación

Por: Paula Vrelly

Últimamente se ha hablado mucho de la lucha feminista y, gracias a eso, leemos más sobre las batallas feministas de antaño. Ahora la mayoría sabemos que antes las mujeres no podían votar, ni trabajar, que era mal visto que estudiaran e incluso que debían pedir permiso a sus esposos para hacer ciertas actividades.

Gracias al feminismo y su aguerrida lucha, esas cosas ahora las escuchamos como inadmisibles, aunque, en aquellos tiempos, eran una realidad, pues estaba normalizada la forma en que se conducía la sociedad con relación a las mujeres.

Sin embargo, algo que es digno de resaltar, no por ello más importante que el resto de los logros feministas, es el tener acceso a la educación y poderla impartir sin ser juzgadas.

Es tan grande el cambio que, en nuestro equipo de autores de Alejandría, tenemos a muchas mujeres impartiendo cursos con toda la preparación y profesionalismo que, muy probablemente, hace un siglo habría sido visto como imposible o inaceptable.

Por otro lado, también podemos entrar y aprender, como cualquiera, sin importar nuestra profesión, clase, raza o sexo.

Deben saber que, hace doscientos años, en cierta escuela de arte en Europa, debido a que se consideraba que la clase de pintura del cuerpo humano al desnudo era la más importante (muchos todavía la consideran así) para el desarrollo de los pintores, se contrataban modelos de ambos géneros; sin embargo, en estas clases no admitían mujeres, pues ellas no debían ver al sexo opuesto sin ropa (los hombres sí, claro está) y, en caso de entrar, los modelos no se desnudaban del todo. Era algo así como tomar clases de biología sin permitir a una persona, por su sexo, entrar a la clase de reproducción. Sería absurdo, ¿cierto?

Bueno, pero ahora estamos en otros tiempos y, gracias a la lucha feminista contra las viejas ideas culturales de nuestros ancestros, podemos estudiar lo que nos venga en gana y donde queramos. Por eso Alejandría fue creada, para que sea una realidad que todas y todos tengan acceso al conocimiento y a elegir con libertad el o los cursos que se les antojen.

¡Aprovechemos este gran logro y no dejemos, nunca, de aprender!