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Los navegadores: como una página en blanco

Imagina que vas en un barco en altamar, cual historia de Verne o Salgari, ¿qué preferirías, un barco legendario como El Duncan, o una barquita que hace agua por todos lados? Y luego de elegir qué barco, pues hay que aprender a llevarlo a buen puerto, no nos vaya a pasar la minificción de Ana María Shua (por cierto, te recomiendo que compres sus libros, son una maravilla):

Naufragio
Ana María Shua

¡Arriad el foque!, ordena el capitán. ¡Arriad el foque!, repite el segundo. ¡Orzad a estribor!, grita el capitán. ¡Orzad a estribor!, repite el segundo. ¡Cuidado con el bauprés!, grita el capitán. ¡El bauprés!, repite el segundo. ¡Abatid el palo de mesana!, grita el capitán. ¡El palo de mesana!, repite el segundo. Entretanto, la tormenta arrecia y los marineros corremos de un lado a otro de la cubierta, desconcertados. Si no encontramos pronto un diccionario, nos vamos a pique sin remedio.

Como no queremos que nos suceda esto, vamos a aprender un poco sobre navegadores:

¡Vamos a la siguiente página!

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